Compra viento

Las técnicas de publicidad más agresivas nos han llevado a aceptar que el teléfono móvil sea una herramienta imprescindible. Pero al igual que para los coches o la ropa, el sentido de la mercancía va mucho más allá de su función inicial, y es ahora más bien un fetiche. El marketing vende este aparato no tanto para llamarse entre colegas como para comunicar el nivel social de su propietario. Y el número de personas en tu lista de contactos se considera como una riqueza más. Cuando sacas tu móvil supermolón todo el mundo a tu alrededor entiende que tienes pasta y una vida social estupenda.

«Eres diferente, eres de una nueva generación, la generación 6.»
Publicidad Orange
basada en un contrato con costes a 6 céntimos

Te venden una identidad. Si te conformas a la norma de llevar un móvil encima (como más del 90% de los jóvenes) puedes todavía ser diferente, tener el sentimiento de ser un individuo único con una personalidad propia cuando lo que más nos define es lo que poseemos. En este caso son los jóvenes, pero las familias numerosas, el businessman, la inmigrante son todas dianas privilegiadas del mercado…

Vendidos como la nueva navaja suiza, los móviles se pueden utilizar como reloj, despertador, agenda, lector de mp3, cámara de fotos o vídeo, receptor de televisión, ordenador portátil, consola de juegos y también de teléfono. Con esta evolución permanente se consigue sobre todo multiplicar la oferta, y si quieres estar a la última tendrás que comprar uno nuevo en menos de un año. Así el numero total de móviles cuadruplica la población en el estado español, con las consecuencias ecológicas que eso supone. Pero claro ¿a quién le importa? La irresponsabilidad colectiva es una de las características más obvias de la sociedad de consumo de masa.

Pero con el desarrollo del capitalismo verde, los operadores se limpian también la cara promocionando sus nuevas facturas virtuales (sin papel) como un compromiso ecologista.[1] En realidad permite sobre todo sacar aún más beneficios y hacer del «servicio» algo aún más deshumanizado. Si tienes un problema o si quieres suspender tu contrato tienes que llamar a un número y, además de pagar por eso, será el principio de lo que tendría que ser una simple formalidad administrativa…

Todo esto se ha complicado tanto que más del 50% de las quejas de consumidores van dirigidas a empresas de telecomunicación.

Como las hipotecas de vivienda, las empresas de telefonía móvil «ofrecen» contratos que te obligan a pagar cada mes. En el 2009, en el estado español más de la mitad de los contratos de móviles son con facturas mensuales. Claro, ¡ya que pagas pues vas a consumir! Un ejemplo más de como la oferta produce la demanda, de como la ley del mercado y la publicidad produce una necesidad.

¿Te imaginas pagar un coche por 1 euro con la obligación de comprar cada día tu gasolina a Repsol? Esta técnica se parece a la del camello que regala las primeras dosis hasta que estés enganchado, para que vuelvas cada dos por tres pagando caro sus servicios.

Es por lo menos curioso que empresas que acumulan millones de euros de beneficios y han tenido varios juicios por monopolio compartido (ponerse de acuerdo entre empresas de la competencia para mantener los precios altos) tengan como primer argumento de venta el precio. Como el mercado occidental está ultrasaturado y el servicio es el mismo en todas las compañías, les queda poca cosa que vender. Ahí llega el machaque publicitario. Y durante los últimos años han ido aún más lejos con el uso masivo del concepto «gratis». Con estas nuevas maneras de consumir, otro ejemplo son las compañías aéreas de bajo coste, el precio está totalmente desconectado de la realidad de lo que cuesta y se usa como arma estratégica para seducir a l×s clientes y darles la sensación de que les tratan bien…

La ideología liberal define nuestra época como una en la cual todo se mueve constantemente, no hay estabilidad, y tienes que ser flexible ; ideas tan vehiculadas por los operadores en sus publicidades. Pero lo que no quieren es que te vayas a la competencia. Defienden su cuota de mercado y por eso han desarrollado el sistema de puntos que «recompensa» la fidelidad del consumidor.

«Podemos llamar aunque no tengamos nada que decir… porque es gratis.»
Publicidad Orange

un móvil quemandose