Más aislado

La principal razón del triunfo comercial del teléfono móvil es que la máquina propagandista del marketing supo recoger y vender lo que este mundo sacrificado a la competición económica está destruyendo: las relaciones sociales.

Es típico de los sistemas dominantes vender parches para problemas fomentados por sus propias innovaciones. ¿No hablas con tu vecin× por culpa de la televisión? ¡Llámal×! Las empresas de telefonía han entendido el beneficio que pueden sacar de personas desvalorizadas, ansiosas, incapaces de comunicar o de enfrentarse a lo extraño. Su publicidad dibuja en negativo la sociedad misma que crea estos individuos. ¿Porqué necesitaríamos una mediación electrónica si no es para adaptarnos a un mundo que atomiza cada vez más al individuo, lo separa de su propia vida?

En teoría, y como nos venden la moto, el móvil sirve para consolidar las relaciones con tus familiares, pero en la práctica permite sobre todo evitar el contacto con desconocid×s. Hemos visto tanta gente perdida agarrada a su móvil para que les guíen a distancia ; en vez de preguntar su camino a personas que están ahí, arriesgarse a hablar con alguien extraño, romper el hielo. Fíjate en el metro, est×s zombies en tránsito cautivad×s por sus pantallitas, escribiendo un mensajito a alguien que ven cada día, asegurándose de no cruzar la mirada de sus vecin×s.

Una socióloga francesa[1] ve el móvil como un intento de «reconquistar» por los humanos los espacios urbanos caóticos y de desarrollar su movilidad, como una medicina frente a la perdida del sentimiento de comunidad generada por la destrucción de los barrios, vía la extensión de ciudades megalopolis.

El móvil resulta ser lo contrario de lo que pretende: una herramienta de comunicación. ¿Cuánto tiempo hace que no has tenido una conversación sin que sea interrumpida por una llamada? Condicionad×s, nos parece normal, pero miramosnos desde fuera: la boca entreabierta, parad×s por el acto reflejo de nuestr× interlocutor, más preocupad× por contestar a una llamada que por dejarnos acabar nuestra frase. Así están las cosas.

El móvil se ha convertido en una norma social y como cualquier norma, excluye a l×s que no la respetan y estructura la vida de tod×s.

Como la prótesis que sustituye a un miembro, en teoría el teléfono debe reparar artificialmente los daños de este mundo que nos convierte en engranajes de la máquina de producir y consumir en masa, hacer cola en el supermercado, en el cine, en el metro, etc. Seguramente las empresas de telefonía tienen razón cuando atribuyen el éxito del móvil al miedo de un mundo potencialmente hostil. Y sin duda tienen interés en reforzar un poco más este sentimiento de hostilidad producido por la erosión de las comunidades, del tejido social.

Bob
Hacía mucho tiempo que te quería decir que…
El teléfono de Alice
Bip bip bip bip bip bip
Alice
Pffff mierda, no tengo ningunas ganas de hablar con ella ahora…
(descolgando)
¿Hola guapa que tal?

un móvil quemandose