En fin…

Cuando empezamos a compartir la idea de este proyecto, más que inquietudes políticas o sociales hemos escuchado bromas más o menos graciosillas. Como si considerarlo desde el cinismo actual fuese a permitir no tomar en serio el tema y no cuestionar nuestras prácticas.

Pero al escuchar los comentarios parece que para muchas está claro: el móvil es el Mal. Nuestr×s compañer×s politizad×s lo critican y desconfían de él como un ojo más del Big Brother. E incluso algunos compañeros de trabajo cuando se enteran que no tenemos móvil nos dicen «qué suerte», «a mi me encantaría», «es como la tele, no sirve». No obstante, casi todo el mundo tiene uno, lo usa diariamente sin pensárselo dos veces, lo tiene integrado a su forma de vivir, su forma de ser…

¿Y puedes decidir?

Con el régimen capitalista o las fronteras, parece que no hay elección: el mundo es así y tendríamos que acostumbrarnos. Pero al igual que con estos temas, podemos cuestionar la imposición del móvil en nuestras vidas, el supuesto consenso del «progreso» y resistir, crear alternativas.

Y ahora ¿qué hacer?

Pero en realidad no es tan así. Con el móvil, como con tantas otras cosas, la elección no es sólo individual, sino que también tiene causas y consecuencias colectivas. Así este contamina tanto al medio ambiente como a nuestros espacios y nuestra sociabilidad. A nivel de seguridad nos afecta a tod×s porque sí o sí estamos rodead×s.

El uso frenético del teléfono móvil participa de la construcción del modelo de sociedad actual y de sus normas de comunicación. Si el problema es colectivo la solución tiene que serlo también. Será muchísimo más fácil y eficiente construir formas de organizarte y de comunicarte fuera de la dependencia del móvil si tu gente también lo toma en cuenta. Háblalo en tu cocina. Deja este fanzine en el baño de tus colegas. Monta debates con tu colectivo.

un móvil quemandose