Quema el cerebro

Como con los transgénicos, el amianto y lo nuclear, los intereses económicos prevalen sobre la salud de la gente.

El grupo BioInitiative publicó en el 2007 un informe sobre los efectos de las ondas electromagnéticas sobre nuestra biología, recopilando cientos de trabajos científicos publicados sobre este asunto.[1] El trabajo de estos científicos y expertos en salud pública independientes presenta las pruebas de los impactos sobre la salud de las ondas electromagnéticas de las tecnologías inalámbricas: GSM y UMTS para la telefonía, Wi-Fi, WiMax, BlueTooth para la informática, etc.

Existen pruebas de que los limites actuales de intensidad de las reglamentaciones nacionales e internacionales son peligrosos e inadecuados. Primero, porque fueron determinados según los consejos de expertos e ingenieros de las empresas de telefonía y cuando se sabía muchos menos de su impacto sobre la salud. Segundo, porque tienen en cuenta solamente los efectos térmicos de las ondas, es decir el calentamiento que producen sobre nuestros cuerpos (funcionando a la manera de un microondas). Pero ahora se sabe que además de los efectos térmicos, que se relacionan directamente con la intensidad de la energía de las ondas, existen también efectos no térmicos, que tienen que ver con sus frecuencias, su información y otras características, incluso a intensidades muy bajas. Y finalmente, porque no tienen en cuenta las posibilidades de impacto a largo plazo de una exposición a estas ondas durante años o décadas.

Numerosas personas viviendo al lado de antenas de telefonía móvil se quejan desde hace años de molestias y problemas de salud: insomnio, fatiga, dolor de cabeza, vértigo, falta de concentración, problemas de memoria, problemas de equilibrio y orientación, zumbidos y dificultades en hacer varias cosas a la vez. Varias asociaciones denuncian estos hechos, presionan a los gobiernos para modificar los limites legales de emisión de las antenas, intentan educar a las personas sobre mejores condiciones de uso de los aparatos y apoyan legalmente a las víctimas en sus juicios contra los operadores.

En Francia, en febrero del 2009, por primera vez un juez condenó al operador Bouygues Telecom a desmontar unas antenas que perjudicaban a unos vecinos de Tassin-la-Demi-Lune, cerca de Lyon.[2] El juez invocó el «principio de precaución» porque no fue demostrada la inocuidad de las ondas, específicamente de los efectos no térmicos, y apoyó su sentencia en las varias declaraciones de científicos y médicos publicadas desde hace más de diez años.[3]

En el estado español, en diciembre del 2009, el municipio de Leganés aprobó una ordenanza pionera que limita las emisiones de las antenas de telefonía móvil al nivel de 0,1 microvatios por centímetro cuadrado, el valor recomendado por la comunidad científica. El ayuntamiento pretende así que las emisiones sean 4000 veces menores que las del resto del estado.[4]

un móvil quemandose