Más tonto

Uno de los efectos más destacables del móvil sobre sus usuari×s, es la dependencia que provoca, la falta de autonomía para vivir y organizarse sin él. Como si la prótesis, que debería ayudar a coordinarse con l×s demás, creara la discapacidad.

Con los coches, l×s urbanit×s ya no saben caminar o ir en bici, pero se quejan de la «epidemia» de la obesidad, de los atascos, de la contaminación, de los accidentes, de las guerras por el petróleo, etc. Y ni se les ocurre tocar la tierra con los pies. Se ha olvidado como se vivía sin coche y este olvido es una amputación. La prótesis ha sustituido el miembro y poco a poco ha mutado en discapacidad…

La misma lógica sostiene el marketing del móvil que se vende como una herramienta inteligente. Observemos l×s usuari×s de teléfonos móviles, incapaces de moverse en el espacio, incapaces de llegar puntuales a una cita o de esperar diez minutos sin entrar en el pánico de llamar, incapaces de imaginar como quedar con alguien sin móvil, incapaces de buscar y encontrar alguien en un sitio sin su cacharro…

Aquí vemos la autonomía del individuo un poco más abollada por esta prótesis. Gracias al móvil no te hace falta anticipar mínimamente los problemas que puedan ocurrir ni buscar en ti mismo los recursos para enfrentar los avatares de lo cotidiano. Y llegamos a preguntarnos: ¿Cómo lo hacían antes? ¿Cómo hemos podido perder en poco más de diez años estas formas de comunicarnos y organizarnos, para dar tanta importancia al móvil?

Bob
«Hola soy yo, estoy en la puerta de tu casa.
¿Cual es tu piso?»

un móvil quemandose